El matcha está en todas partes: en lattes, bizcochos, helados… pero lo cierto es que no es solo una moda de Instagram. Este té en polvo viene de Japón y tiene siglos de historia. Lo especial del matcha es que no solo infusionas las hojas, ¡te las tomas enteras! Eso significa que aprovechas todos sus nutrientes al máximo.
TIPOS DE MATCHA
Hay varios tipos de matcha, y aquí viene lo curioso: no todos sirven para lo mismo. El ceremonial es el más fino y delicado, el que se usa en la tradicional ceremonia del té japonés (solo con agua caliente, sin extras). El premium es perfecto para el día a día, ya sea en un latte con leche vegetal o en batidos. Y el culinario es el que se usa en recetas, porque es más intenso y amargo, ideal para postres y panes.
ELABORACIÓN
El proceso de elaboración también tiene su magia. Semanas antes de la cosecha, las plantas de té se cubren para protegerlas del sol. Así, aumentan su clorofila y aminoácidos, y el resultado es ese verde brillante que lo hace tan especial. Después, se cuece al vapor, se seca y se muele lentamente en molinos de piedra hasta conseguir un polvo muy fino.
PREPARACIÓN
Preparar un matcha bien hecho es todo un ritual. Necesitas un cuenco (chawan), una cucharita de bambú (chashaku) y un batidor (chasen). Pones un poco de polvo, añades agua caliente (ojo: no hirviendo, unos 80 °C) y bates enérgicamente en forma de “M” hasta que salga espuma. Es casi meditativo, y al final tienes una bebida cremosa, verde intenso y con un sabor entre vegetal y dulzón.
Aunque la forma clásica es solo con agua, el matcha da mucho juego. Puedes tomarlo con leche (matcha latte), mezclarlo en smoothies, usarlo en repostería o incluso en recetas saladas. Su versatilidad es una de las razones por las que se ha vuelto tan popular.
BENEFICIOS
Pero hablemos de lo que interesa: los beneficios. El matcha está cargado de antioxidantes, sobre todo catequinas como la EGCG, que ayudan a proteger las células del estrés oxidativo. También tiene L-teanina, un aminoácido que calma la mente y equilibra el efecto de la cafeína. En pocas palabras: te da energía, pero sin los “subidones” y bajones típicos del café.
Además, hay estudios que señalan que puede ayudar al metabolismo, mejorar la quema de grasas y cuidar la salud cardiovascular. Incluso se ha visto que contribuye a regular los niveles de glucosa en sangre. Vamos, que es un aliado interesante para la salud en general.
Beber matcha también puede convertirse en un ritual de autocuidado. Prepararlo con calma, respirar su aroma y saborearlo despacio es casi una pausa meditativa en medio del día. Un pequeño momento de bienestar que tu cuerpo y tu mente agradecen.
Eso sí, como todo, hay que tomarlo con moderación. Contiene cafeína, así que no conviene beberlo justo antes de dormir. Una o dos tazas al día suelen ser suficientes para disfrutar de sus beneficios sin pasarse.
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